El olor axilar que aparece a pesar de los buenos hábitos higiénicos, se llama Bromhidrosis. Es un trastorno que suele comenzar en la adolescencia, ya que se debe a la acción de las hormonas de diferenciación sexual secundaria que aparecen con la pubertad. No tiene preferencia de género y afecta a ambos sexos por igual.

 

El olor axilar no depende de las bacterias. Si fuese así seria sencillo eliminarlo con un antiséptico, cosa que no sucede. La vinculación de las bacterias con el olor es simplemente una estrategia de venta. 

 

Los pacientes suelen presentarse a la consulta con axilas irritadas como 

consecuencia de los baños repetidos y el exceso de desodorante, lo que demuestra los esfuerzos por lidiar con la situación. La molestia de estos pacientes es el olor y no lo la sudoración. Es importante diferenciarlos de la hiperhidrosis axilar focal.

 

Lo que caracteriza a estos pacientes es que no pueden quitarse el mal olor con el baño, quiere decir que el paciente tiene mal olor todo el tiempo y no en situaciones determinadas. 

 

En paralelo, por la severa incomodidad social que genera el olor se va estableciendo una sensibilidad particular en el olfato del paciente que lo hace 

percibir el mal incluso cuando nadie más lo nota. Por esta razón es muy importante contar con alguna persona de confianza a quien consultar y que pueda actuar de “referencia externa” para controlar la evolución del tratamiento.

 

Con cierta frecuencia aparece como fenómeno transitorio en el postparto, debido a la revolución hormonal que implica el parto y el establecimiento de la lactancia. De persistir, se realiza tratamiento con toxina botulínica una vez cesada la lactancia.

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